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como todo lo que baja cuando sube, como cada noche mía tras tu mañana.



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anticipándome a la colisión.

fin de una era en esta piel. Extinción contra tu mundo.



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no supe de ti.
hasta mirarte con las preguntas llenas.



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quizás, esperaría hasta el fin de los días.

moñeca



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queda el consuelo de saber ser.todo lo que soy contigo.



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sonrisita permanentemente agazapada cuando pienso en ( )

Noche incompleta. Tic y tac.



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mi corazón es algo que se oculta detrás de este paquete de tabaco. Pero no se trataba de humo.

Beibi.



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y, corderito de mí, que no quise ir cantando por las esquinas esta dicha –beeeeeee!- sin saber que por las noches te dormías contándome.



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Otra vez a querer decir aquello que sólo puedo decirte a veces.



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in totos dies et noctes in omne tempos vel tempora



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la extraña sensación de que estabas cerca, de que acababas de pasar por allí hacía un instante. Arrojadas todas las consideraciones al suelo para correr más rápido por las calles aún frescas de ti.



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Ya no volveré a pasear por la alameda, esperando encontrarte.

Intención. Destino. Norte.


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Dicen que cuando nos mirábamos saltaban chispas.

Dicen que yo ardía.



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Se ve que llegaba el invierno.

Guardabas tus sentimientos hasta la primavera.



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yo no soy así, entiéndeme. Esta no es sino una manera que tiene el mundo de verme.

(no soy más que una pequeña veleta a merced del viento. Del oeste)



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yo nunca he sido azul, entiéndeme; y rojo sólo cuando tú estabas.

rojo por dentro, claro.



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Supongo que sigues estando ahí.

Si no, todo esto volvería a carecer de sentido.



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Hace unos cuantos años, cuando todavía no era rojo, vivía en la ciudad del sur con la chica azul.

Me preguntaba invariablemente cada cumpleaños qué quería de regalo, y yo le contestaba invariablemente “quiero un patito de goma”. No era por joder, entiéndeme, sino porque quería que me hiciese el regalo que ella quería y no el regalo que quería yo, que dejaría de ser regalo y pasaría a ser una petición. En fin, que después de los años se dio cuenta y he aquí que me regaló ¡¡un patito de goma!!

Pero has de saber que los patos de goma hace mucho que no se fabrican, debido a su toxicidad, siendo reemplazados por el plástico. Así que la chica azul removió cielo y tierra para conseguirlo, y al final lo compró por internet en una tienda vintage de London a un precio irrazonable.

Y luego lo abandoné todo: la chica azul, la vida de plástico, la ciudad del sur, y me fui a buscar el norte; supongo que la culpa la tuvo el volverme rojo, pero esa es otra pequeña historia. Desde aquella me acompaña un patito de goma, al que llamo drapo.



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